El debate sobre el doblaje en las películas y las series es uno de esos que no terminan nunca. En nuestro país está bastante normalizado y contamos con algunos de los mejores dobladores del mundo, aunque cada vez es mayor el número de adeptos a la versión original. En este artículo no vamos a tratar de zanjar el asunto, de hecho creo que lo vamos a complicar todavía más.
Sea como fuere, incluso los puristas de la versión original admitirán que el cine de animación incurre en un vacío legal. Todas están dobladas, lo único que cambia es el idioma. Aunque en algunas ocasiones el idioma que escoges puede hacerte ver una peli completamente distinta. Eso es lo que pasa con Porco Rosso (Hayao Miyazaki, 1992), una de las películas más icónicas del Studio Ghibli.
Como es habitual en el cine de Miyazaki, Porco Rosso nos traslada a un mundo repleto de fantasía por momentos casi surrealista, sin dejar de lado el elemento humano que hace que una historia conecte con su público. Porco Rosso es, en su esencia, una película sobre el síndrome del superviviente y las secuelas que la Segunda Guerra Mundial dejó en todo el mundo. Nada refleja tanto estos temas como la escena en la que nuestro protagonista desvela cómo se convirtió en cerdo.
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El nihilismo de la versión japonesa
Fotograma de Porco Rosso
«Los buenos están todos muertos».
La adolescente Fio no es capaz de dormir la noche antes del duelo final entre Porco y el repulsivo Donald Curtis, así que le pide que le cuente una historia. Porco le relata su última patrulla aérea como piloto de la Marina Italiana. Le dice que sintió que Dios le decía que seguiría volando solo para siempre cuando vio desaparecer a todos sus compañeros. Fio se enfada, conoce a Porco y sabe que es bueno, pero él no se ve de tal manera. “Los buenos están todos muertos. Y tal vez lo que vi era el infierno”.
Porco es un humano condenado a vivir el resto de sus días con el aspecto de un cerdo, pero ni siquiera se cree con derecho a sentirse mal, porque a lo mejor es el que más suerte tuvo de todos sus compañeros al no morir. De esta manera Miyazaki desvela el núcleo emocional de la historia y envuelve a su personaje principal en una gama de grises que va perfectamente acorde con el tono de la película.
La parquedad de la versión española
Fotograma de Porco Rosso
«Volarás solo para siempre jamás».
La versión que vimos nosotros en 1992 es, en líneas generales, bastante fiel a la original. Porco mantiene esa visión nihilista que le ha convertido en un solitario cazarrecompensas y cuando Fio le confronta, el doblaje en castellano se decanta por una traducción al uso: “Los que murieron tenían buen corazón”. Sin embargo, el Porco Rosso español sí se toma una pequeña licencia.
Esta escena en su versión original es donde el personaje principal nos deja ver esa herida que lleva por dentro, el motivo por el que no se permite a sí mismo encontrar la felicidad. Pero el diálogo en castellano omite esa última frase creando una cierta distancia entre Porco y Fio. Nuestro Porco Rosso se cierra en el momento en el que sus homólogos deciden abrirse y de pronto cobra un significado extra que en un país donde hubo 40 años de silencio el veterano de guerra simplemente diga: “Se acabó la historia. Venga, a dormir”.
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El idealismo de la versión estadounidense
Fotograma de Porco Rosso
«A lo mejor estoy muerto y vivir como un cerdo es lo mismo que estar en el infierno».
En otros países no hay una tradición de doblaje tan arraigada como en España, así que lo más probable es que hayan visto la versión estadounidense. Hoy en día las estrellas de Hollywood se pelean por trabajar para el Studio Ghibli, y películas como El chico y la garza (Hayao Miyazaki, 2023) cuentan con elencos dignos de superproducciones americanas. En los noventa no era tan así, aunque en esta ocasión sí contaron con Michael Keaton para dar voz a Porco Rosso.
Keaton impregna de carisma a un personaje que ya de por sí molaba, aunque su diálogo difiere bastante del escrito por Miyazaki en su versión original. Porco ya no se compadece de los compañeros que quedaron atrás sino de sí mismo. La versión estadounidense sigue siendo un buen retrato del síndrome del superviviente, pero roba a la historia de un matiz muy importante para simplificar su mensaje y convertirlo en un relato más idealista de blancos y negros.
Porco Rosso es una película capaz de fascinarnos en cualquier idioma del mundo y tal vez sea la obra que mejor define el tono antibelicista del cine de Miyazaki, un artista cuya imaginación dejaremos de admirar cuando los cerdos vuelen.
